Gózate en mi gracia, disfrútala, no se acaba jamás. Esta es la paráfrasis de una de las aplicaciones de la enseñanza dominical de hoy, nuestro Pastor predicó sobre 1 Timoteo 1:12-14. Teniendo en mi corazón al Señor y al mismo tiempo, un dolor tan profundo como el mar (Lamentaciones 2:13), son palabras potentes, vigorizantes, que aumentaron mi gozo, y rebozaron mi corazón con lágrimas de consuelo, mientras estaba sentada, como cualquier otra persona de la congregación.
Es hermoso tener tanta debilidad y tener una gracia tan abundante, que no hay dolor que pueda escaparse de ella, no hay pecado que la sangre del Cordero, no haya quitado (Romanos 8:31-39).
“Nunca llega demasiado antes, nunca será demasiado tarde” palabras textuales del predicador. Y, aún más importante, Palabras de Dios, expresadas por Pablo, siervo fiel del Evangelio, antes perseguidor y asesino de Cristianos:
12 Le doy gracias a Cristo Jesús nuestro Señor, quien me ha dado fuerzas para llevar a cabo su obra. Él me consideró digno de confianza y me designó para servirlo, 13 a pesar de que yo antes blasfemaba el nombre de Cristo. En mi insolencia, yo perseguía a su pueblo; pero Dios tuvo misericordia de mí, porque lo hacía por ignorancia y porque era un incrédulo. 14 ¡Oh, qué tan generoso y lleno de gracia fue el Señor! Me llenó de la fe y del amor que provienen de Cristo Jesús.
15 La siguiente declaración es digna de confianza, y todos deberían aceptarla: «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores», de los cuales yo soy el peor de todos. 16 Pero Dios tuvo misericordia de mí, para que Cristo Jesús me usara como principal ejemplo de su gran paciencia aun con los peores pecadores. De esa manera, otros se darán cuenta de que también pueden creer en él y recibir la vida eterna. 17 ¡Que todo el honor y toda la gloria sean para Dios por siempre y para siempre! Él es el Rey eterno, el invisible que nunca muere; solamente él es Dios. Amén.
1 Timoteo 1:12-14.
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