¿Cuántas veces no he pensado que soy un caso perdido? Que nadie quiere hacerse cargo de alguien como yo, que soy insufrible y que ésta vez, Dios, mi padre, ya no tendrá más paciencia conmigo. ¡Pero es que si nunca debí tenerla! Su paciencia es un regalo y es un regalo a lo sumo costoso: fue comprado con la sangre de Cristo.
Ni ayer, ni hoy, mi pecado o mi debilidad traspasaron la paciencia de Dios. Él no me echa fuera porque no soy ágil espiritualmente, porque me duele mucho el corazón, o porque a veces entro en crisis. Si estuve perdida, ahora soy hallada por Él y en Él. No hay ya más condenación. Muerta en mis delitos y pecados fui, y muerta por pecado de otros; de ambas muertes, fui traída a vida, como mi hermano, el Apóstol Pablo:
“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.”
1 TIMOTEO 1:15-17 RVR1960
https://bible.com/bible/149/1ti.1.15-17.RVR1960
¡Qué gran consuelo de amor, en Cristo estoy!
Él pisó el mundo antes de que yo existiera, sus tiernos pies se hicieron fuertes; sus fuertes pies de hombre fueron traspasados por los clavos. El Rey de los Siglos se hizo hombre, para que todo aquel que diga: -“Sé propicio a mí” sea consolado con el poder del Evangelio.
